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Fallecimiento de Dra. María Julia Hernández |
| Dra. María Julia Hernández |
María Julia Hernández nació el 30 de enero de 1939 en Francisco Morazán, Honduras, de padres salvadoreños, por lo que era salvadoreña de nacimiento. Era Doctora en Derechos Humanos y Licenciada en Filosofía. Falleció en la ciudad de San Salvador, a los 68 años.
“Nuestro profundo desafío y compromiso, nuestra razón de ser, son las víctimas, que en su mayoría son los pobres de El Salvador”
María Julia Hernández, 15 de noviembre de 2004.
Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador comunica al pueblo salvadoreño y a la comunidad internacional que este día, a tempranas horas de la mañana, falleció a causa de complicaciones cardíacas, nuestra querida hermana, amiga y Directora, María Julia Hernández, incansable luchadora en defensa de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en El Salvador.
Tutela Legal expresa sus más sinceras condolencias a la familia Hernández Chavarría y al Señor Arzobispo de San Salvador, así como al clero y feligresía en general, ante la irreparable pérdida física de esta admirable mujer salvadoreña. Asimismo, manifiesta sus agradecimientos a las numerosas personas que han expresado su solidaridad y apoyo.
María Julia fue una mujer valiente que dedicó su vida a hacer el bien. Luchó con todas sus fuerzas para que en este país floreciera la justicia y se erradicara la impunidad. Amó profundamente al pueblo salvadoreño y, especialmente, a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, a quienes acompañó y defendió por todos los medios a su alcance, lo que le llevó inevitablemente a enfrentar las estructuras de poder causantes de los males de nuestro pueblo.
De esta forma María Julia, una mujer de profunda fe y compromiso cristiano, inició una militancia en defensa de la persona humana hombre y mujer, integrándose en 1977 a la causa de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, nuestro querido pastor mártir y acompañándole en las demandantes labores humanitarias y de defensa de las víctimas en aquellos años tan violentos. La muerte de Monseñor Romero - cuyo cadáver María Julia protegió con su propio cuerpo, durante el escenario convulso del atentado contra la multitud para acompañar a Monseñor en la misa de cuerpo presente - selló el compromiso de esta admirable mujer y cristiana por sus semejantes más débiles y perseguidos.
La infatigable labor y entrega de María Julia iniciada con Romero, continuó durante la gestión arzobispal de Monseñor Arturo Rivera Damas. Con visión de futuro, María Julia compiló los escritos de las homilías de Monseñor Oscar Romero que hoy se conocen y fue nombrada por Monseñor Arturo Rivera como Directora de Tutela Legal del Arzobispado desde su fundación, el 03 de mayo de 1982, cargo que desempeñó hasta el momento de su muerte.
Durante la guerra investigó innumerables violaciones a los derechos humanos, expuso su vida ingresando a las zonas de guerra, a las cárceles, a las oficinas de altos oficiales del ejército, para defender y demandar el respeto a la vida y dignidad de cientos de personas atacadas en está época marcada por el terrorismo de Estado.
Junto a Monseñor Arturo Rivera Damas y a Monseñor Gregorio Rosa Chávez, acompañó los enormes esfuerzos del Arzobispado por lograr la humanización del conflicto armado y fue una trabajadora infatigable para la organización y realización de las rondas de diálogo de paz de los primeros años de la guerra civil, sin cuya realización no sería posible el posterior proceso que llevó a la firma definitiva de la paz en 1992.
Denunció valientemente, siguiendo a nuestros pastores Romero y Rivera, las violaciones a los derechos humanos, sin importar quien fuera el bando responsable. Impulsó denuncias y procedimientos de protección a los derechos humanos a nivel nacional e internacional, no sólo durante el conflicto armado, sino también durante los 15 años que siguieron a la firma de la paz, pues en esta etapa se consolidó la impunidad en El Salvador y se repitieron hechos atroces semejantes.
Le dolía muy particularmente la tragedia de las víctimas de los graves crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la guerra civil -abandonadas por el Estado que ha protegido a los victimarios- así como el drama de su pueblo sumergido en una situación de vulneración generalizada a sus derechos económicos, sociales y culturales, bajo el imperio de deshumanizadas políticas neoliberales.
Impulsó las investigaciones y lucha contra la impunidad en connotados casos, como la masacre del padre Ignacio Ellacuría y sus compañeros y compañeras mártires de la UCA; igualmente en los casos de las Masacres de El Mozote, Río Sumpul, La Quesera y El Barrío. Su lucha fue decisiva para el impulso internacional del caso del magnicidio de Monseñor Oscar Arnulfo Romero ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ante la Corte Federal de Fresno, instancias que reivindicaron el derecho a la verdad del que son titulares tanto la familia Romero como el pueblo salvadoreño en general.
Su lucha cristiana por la dignidad humana le llevó a recibir importantes reconocimientos, dentro de los cuales destacan los siguientes: “Oscar Romero Award” (1988) otorgado por Americas Match New York; “Award of Honor” (1990) otorgado por la Ciudad y Condado de San Francisco, USA; “Premio Yoko Tada” (1990) otorgado por la Fundación de Derechos Humanos Yoko Tada, Japón;“Share Award” (1991) otorgado por la Fundación SHARE y “Primer Premio Jan Deplanke”, (1993) otorgado por la Fundación Jean Depalncke, Bruselas.
Recibió el Doctorado Honoris Causa en Public Service otorgado por Saint Josephs University, Filadelfia, en 1992 y el Doctorado Honoris Causa en Derechos Humanos por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) en 2004.
Su amplio trabajo pastoral, marcado por una clara opción preferencial por las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, le llevó a recibir el título de “Hermana de la Compañía de Jesús” (1990) y a recibir la “Medalla de Plata del Pontificado de Juan Pablo II”, otorgada por el Santo Padre por Servicio Eclesial (1992).
María Julia Hernández fue co fundadora del Grupo de Trabajo en Derechos Humanos Pro Memoria Histórica (1997); del Comité Pro Monumento de las Víctimas Civiles de Violaciones de Derechos Humanos (1997) y de la Coalición Salvadoreña por una Corte Penal Internacional (2002).
María Julia enfrentó el riesgo de su muerte con profundo sentido cristiano de resurrección: “Padre, estoy en tus manos; te veré hoy o seguiré aquí luchando si así lo quieres”, oró poco antes de una de sus últimas intervenciones quirúrgicas.
Como siempre, no tuvo miedo de la muerte y confió profundamente en Dios. La hemos perdido físicamente en el mes que conmemoramos los martirios de Monseñor Oscar Romero y el padre Rutilio Grande. La despedimos junto a su querida amiga, Rufina Amaya, sobreviviente de la Masacre de El Mozote. Al igual que estos grandes defensores de la verdad, la justicia y la dignidad, María Julia nos deja un legado de 30 años de lucha, cuya continuidad se erige hoy en nuestro más profundo desafío y compromiso.
Y son válidas para María Julia Hernández sus propias palabras, dirigidas a reflexionar sobre el legado de Monseñor Romero: “el rico magisterio episcopal de Monseñor Romero, el más grande defensor de los derechos humanos de nuestro tiempo y por cuya causa dio su vida, nos insta a defender, hoy y aquí [la] dignidad de la persona humana” (con ocasión del otorgamiento de su doctorado Honoris Causa en Derechos Humanos por la UCA, 15 de noviembre de 2004).
Dado en San Salvador, a los 30 días del mes de marzo de 2007.
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| 1939 - 2007 |
"Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme". Mt. 25, 34-36
Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador
Comunica al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo que este día 30 de Marzo de 2007 a las 7:15 a.m. partió a la casa del Padre Eterno, nuestra querida hermana, amiga y directora Dra. María Julia Hernández.
María Julia fue una mujer valiente que pasó haciendo el bien. Luchó con todas sus fuerzas para que en este país floreciera la justicia y se erradicara la impunidad. Amó profundamente al pueblo salvadoreño y, especialmente a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, a quienes acompañó y defendió con todos los medios que tuvo a su alcance, situación que la llevó inevitablemente a enfrentar a las estructuras de poder causantes de tantos males a nuestro pueblo.
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| Dra. María Julia enflorando víctimas de El Mozote, 25a. Aniversario, atrás en la fila, Rufina Amaya sobreviviente de la masacre quien falleciera el día 06 de Marzo de 2007. |
Su visión de futuro en el trabajo le permitió compilar los textos de las homilías de Mons. Romero, lo cual constituye hoy uno de los tesoros más grandes no sólo para El Salvador sino para la humanidad. Su compromiso con la causa de los Derechos Humanos la llevó junto a su equipo de Tutela Legal del Arzobispado a investigar, documentar científicamente y abrir procesos judiciales en la masacre de El Mozote, El Sumpul, El Barrío, La Quesera y otras.
La falta de una pronta y cumplida justicia del País la llevó a buscar justicia en Instancias Internacionales en casos como el de Monseñor Romero y El Mozote, los cuales actualmente son tramitados en estas instancias internacionales.
Denunció valientemente, como nadie, a nivel nacional e internacional las violaciones a los Derechos Humanos, primero en el marco del conflicto armado y luego por las medidas económicas del modelo neoliberal. Desde su trabajo en Tutela Legal del Arzobispado, contribuyó junto al Arzobispo Mons. Rivera Damas a humanizar el conflicto armado y dió un aporte innegable al proceso de paz.
" No podía ser de otra manera, María Julia, tu vida se cruzó con la de Monseñor Romero y la de Ellacuría y tantos otros. Junto a ellos te formaste, trabajaste y emprendiste el mismo camino, defender la dignidad de la persona humana, demandando verdad, administración de justicia, reparación a las víctimas y reconciliación".